Lo que aquí leerán es una sinopsis de las 560 páginas del libro de Jesús Cacho “Asalto al poder”, primera parte de la trilogía dedicada a Mario Conde y dónde con una gran técnica de novelización se explican los hechos –todos reales- que rodearon el meteórico ascenso y lenta decadencia del personaje.
José Maria López de Letona

Solchaga no confía ni en Conde –un advenedizo indocumentado sin credenciales políticas- ni en Garnica –un franquista ultraconservador y católico recalcitrante- ni en Letona –un ex ministro de Franco, moderado y amigo personal de Mariano Rubio pero que no aporta imagen de modernidad aunque sus ideas sean afines a las de Solchaga- ni en las llamadas “familias” –un grupo de señoritos sin capacidad de gestionar una entidad moderna-, así que ante el “barullo” creado en Banesto, Solchaga decide tomar medidas especiales y trama un plan para poner al banco de la derechona y los terratenientes en manos afines al PSOE.
El plan es simple, plantear una absorción por parte de uno de los bancos ya controlados por la “beauty” (Hispano; con Claudio Boada, Bilbao; con Sanchéz Asiaín ó Vizcaya; con Pedro Toledo), finalmente se acuerda que el Bilbao planteará una OPA a Banesto y el Vizcaya otra OPA al Central (descabezando de esta manera a Alfonso Escámez, otro geróntocra de la banca que lleva más de 15 años en la presidencia).
De esta manera el día 20 de noviembre de 1987 (12 años después de la muerte de Franco) se inicia el asalto de la última fortaleza franquista mediante una OPA hostil planteada por el Banco de Bilbao sobre Banesto. Con esta acción se terminaba el llamado pacto de caballeros iniciado a principios de los años 60 en el que “los 7 grandes” acordaban pactos de no agresión; estos pactos habían llegado a extremos de convertir el sistema bancario español en un oligopolio en el que apenas existía competencia entre bancos.
La sorpresa fue generalizada y sin duda supuso el fin de Letona como ungido heredero de Don Pablo. Letona quedaba así desprestigiado cuando no tachado de traidor puesto que la mayoría de consejeros de Banesto le consideraban enterado de la conspiración contra el banco, pero aun en el caso que no fuera así -como finalmente se demostró- los consejeros determinaron la inutilidad de tener un consejero delegado amigo del gobernador del banco de España incapaz de enterarse de planes hostiles contra la entidad, conocidos a buen seguro por el banco emisor.
Letona no tubo otro remedio que dimitir a dos escasas semanas de la fecha pactada para asumir la presidencia del banco, Mario Conde encabezó las operaciones defensivas para rechazar la OPA, que tubo que retirarse dos semanas después –tras una lucha sin cuartes entre ambas entidades en el que el Banco de España, el ministerio de economía y la prensa afín al gobierno (es decir grupo PRISA, la prensa económica y las televisiones alabaron la iniciativa del Bilbao) fueron fieles paladines de la agresión mientras que Javier de la Rosa –por lealtad a su antiguo jefe Pablo Garnica- tubo un papel clave para salvar a Banesto-.
A finales de diciembre de 1987 el banco de España aceptaba el fracaso de la OPA con la condición de un retiro inmediato de Don Pablo (este no tubo más remedio que acatar las órdenes) pero el viejo zorro castellano tenía una última sorpresa para Rubio y Solchaga, en vez de nombrar a Jacobo Argüelles (el consejero más próximo al gobernador y al ministro), se decide por Conde (que había sido el exitoso general que resistió el asalto de la fortaleza Banesto).
Así pues dos meses después de su entrada en Banesto, Mario Conde es nombrado presidente de la entidad.
Banesto, era en el momento en que Conde hace su entrada como presidente, una entidad grande y poderosa; era considerado el mayor grupo industrial español por su control de entidades de gran potencia como Petromed (por entonces la mayor compañía de petroleos de España), la Unión y el Fénix (la compañía de seguros más grande de España), Valenciana de Cementos (la segunda compañía de cementos más grande de Europa), Asturiana de Zinc (la compañía minera más grande de España después de “Explosivos Rio Tinto” ERT), pero muy enferma: Como consecuencia de la crisis bancaria de final de los años 70, el Banco de España había obligado a Banesto a absorber dos pequeños bancos (Banco de Madrid y Banco Coca) que se encontraban en situación de quiebra técnica; en consecuencia Banesto tubo que asumir un aguejero de 200.000 millones de pesetas proveniente de dichas entidades. Igualmente la mala gestión por parte de Javier de la Rosa de una filial de Banesto (la banca Garriga-Nogués) supuso la absorción por parte del banco de otro agujero de 150.000 millones de pesetas. En total Banesto debía hacerse cargo de 350.000 millones de pesetas de las deudas de esas entidades. La imposición, por parte del Banco de España, de López de Letona como consejero delegado no sólo tenía como objeto preparar el desembarco del PSOE y de la “beauty” si no también poner orden en las cuentas de la entidad.
Así que cuando Mario llega a la presidencia se encuentra con un panorama desolador (aunque Letona había hecho algunos apaños) y además con la hostilidad de los organismos oficiales. Su única posibilidad es seguir adelante y reforzar sus posiciones; una fusión con otra entidad asediada era un camino lógico para consolidar su papel y posición.
Dos meses después de su llegada a la presidencia de Banesto, Mario acuerda con el presidente del Banco Central -Alfonso Escámez- la fusión de ambos bancos creando un monstruo bancario que llevará el nombre de Banco Español Central de Crédito (BECC), entidad que por sus activos financieros y industriales controla el 7% del PIB español. El acuerdo es aprobado por las Juntas Generales de accionistas de ambos bancos y Mario Conde es nombrado copresidente y consejero delegado de la nueva entidad y a partir de 1991 único presidente. 
Así es como en el plazo de seis meses un ejecutivo de alto nivel de una empresa importante se convierte en el personaje económico más importante en la España de finales de los 80: la unión Banesto Central crea el grupo financero más grande de España y el décimo más grande del mundo y un grupo industrial que en unión con el que poseía el Banco Central (CAMPSA, Seguros Vitalicio, ERT….) es de los más poderosos de Europa.
La pregunta es ¿podrá Conde mantener el control de un cañón Berta de las características del BECC?, la respuesta la encontramos en “Duelo de Titanes”: segunda parte de la trilogía.
Mario Conde
Mario Conde, brillante abogado del Estado –sacó la tercera mejor nota de toda la historia de la oposición-, decide abandonar su monótono aunque seguro trabajo de funcionario para iniciar una nueva andadura como ejecutivo en una mediocre y agonizante empresa farmacéutica (laboratorios Abelló), cuyo único atractivo es la producción de su producto estrella: Frenadol.
Allí Mario hace amistad con el hijo del propietario: Juan Abelló, el cual queda deslumbrado por la brillantez con la que Conde diseña y ejecuta un plan para resituar a laboratorios Abelló entre las grandes empresas del sector.
Allí Mario hace amistad con el hijo del propietario: Juan Abelló, el cual queda deslumbrado por la brillantez con la que Conde diseña y ejecuta un plan para resituar a laboratorios Abelló entre las grandes empresas del sector.

Juan Abelló
Una vez conseguido el objetivo de colocar los laboratorios entre los cinco más grandes del país (debe tenerse en cuenta que partían de la posición 17) y ante la clara perspectiva que nadie se hace millonario “vendiendo pastillas”, Conde convence a Abelló para vender los laboratorios e invertir en negocios más lucrativos.
Así pues, en 1981 –cuatro años después del desembarco de Conde- Juan Abelló vende los laboratorios por 2500 millones de pesetas, una cifra discreta pero una buena base para empezar a hacer cosas importantes, por esta operación Conde cobra una comisión de 175 millones.
La venta de laboratorios Abelló no incluya la participación que estos tenían en la compañía “Antibióticos SA”, una especie de monopolio en manos privadas dedicado a la fabricación, venta y exportación de antibióticos. Ésta empresa, que cuenta con una saneada balanza de beneficios, está participada por Juan Abelló y cuatro socios (colectivos familiares y empresas farmacéuticas). Se trataba de un colectivo accionarial muy receloso y en general temeroso que uno de los otros grupos adquiriera el control de la sociedad –precisamente el objetivo de la pareja Conde-Abelló-.
La intuición, las intrigas y la capacidad negociadora de Conde, así como el factor suerte, permiten que en pocos meses la pareja inversora compre las acciones de la resta accionista, haciéndose por tanto con el 100% de la sociedad. Para ello tienen que gastar todo lo recibido por la venta de laboratorios Abelló así como endeudarse en más de 2000 millones de pesetas, pero el esfuerzo vale la pena.
Antibióticos SA, es una máquina de hacer dinero, Conde idea una remodelación de la empresa con la que consigue disparar todavía más los beneficios, pero ni Mario ni Juan tienen suficiente, ellos no han nacido para “vender pastillas”, así que –con la oposición absoluta del ministerio de industria que soñaba convertir a Antibióticos, de la mano de sus dos administradores, en una superempresa farmacéutica a escala mundial- deciden vender la empresa en 1986 a la multinacional Monteddison por la estratosférica cifra de 56000 millones de pesetas, un récord nunca visto en la piel de toro, Mario esta vez actuando como socio vendedor obtiene 12000 millones, mientras que Abelló se queda con los 44000 restantes.
El siguiente paso de la pareja es invertir dichas cantidades en acciones de un banco, pero la pregunta es ¿en cuál?.
En 1987 existían todavía los llamados “7 grandes”; es decir el exclusivo club de las 7 mayores entidades bancarias españolas por este orden: Banco Central, Banesto, Banco Hispano-Americano, Bilbao, Santander, Vizcaya y Popular.
La ambiciosa pareja pone de inmediato sus ojos en las dos más grandes: Central y Banesto, ambas entidades eran por sus activos y el número de clientes las más importantes de los “7 grandes”, pero a la vez eran entidades anquilosadas, anticuadas y especialmente en el caso de Banesto controladas por una rancia y conservadora aristocracia representada por las llamadas “familias”; los descendientes de los fundadores del banco que con escasa representación accionarial seguían controlando el consejo de administración: Pablo Garnica es presidente de Banesto desde hace 20 años y miembro del consejo de administración desde hace 56,
Así pues, en 1981 –cuatro años después del desembarco de Conde- Juan Abelló vende los laboratorios por 2500 millones de pesetas, una cifra discreta pero una buena base para empezar a hacer cosas importantes, por esta operación Conde cobra una comisión de 175 millones.
La venta de laboratorios Abelló no incluya la participación que estos tenían en la compañía “Antibióticos SA”, una especie de monopolio en manos privadas dedicado a la fabricación, venta y exportación de antibióticos. Ésta empresa, que cuenta con una saneada balanza de beneficios, está participada por Juan Abelló y cuatro socios (colectivos familiares y empresas farmacéuticas). Se trataba de un colectivo accionarial muy receloso y en general temeroso que uno de los otros grupos adquiriera el control de la sociedad –precisamente el objetivo de la pareja Conde-Abelló-.
La intuición, las intrigas y la capacidad negociadora de Conde, así como el factor suerte, permiten que en pocos meses la pareja inversora compre las acciones de la resta accionista, haciéndose por tanto con el 100% de la sociedad. Para ello tienen que gastar todo lo recibido por la venta de laboratorios Abelló así como endeudarse en más de 2000 millones de pesetas, pero el esfuerzo vale la pena.
Antibióticos SA, es una máquina de hacer dinero, Conde idea una remodelación de la empresa con la que consigue disparar todavía más los beneficios, pero ni Mario ni Juan tienen suficiente, ellos no han nacido para “vender pastillas”, así que –con la oposición absoluta del ministerio de industria que soñaba convertir a Antibióticos, de la mano de sus dos administradores, en una superempresa farmacéutica a escala mundial- deciden vender la empresa en 1986 a la multinacional Monteddison por la estratosférica cifra de 56000 millones de pesetas, un récord nunca visto en la piel de toro, Mario esta vez actuando como socio vendedor obtiene 12000 millones, mientras que Abelló se queda con los 44000 restantes.
El siguiente paso de la pareja es invertir dichas cantidades en acciones de un banco, pero la pregunta es ¿en cuál?.
En 1987 existían todavía los llamados “7 grandes”; es decir el exclusivo club de las 7 mayores entidades bancarias españolas por este orden: Banco Central, Banesto, Banco Hispano-Americano, Bilbao, Santander, Vizcaya y Popular.
La ambiciosa pareja pone de inmediato sus ojos en las dos más grandes: Central y Banesto, ambas entidades eran por sus activos y el número de clientes las más importantes de los “7 grandes”, pero a la vez eran entidades anquilosadas, anticuadas y especialmente en el caso de Banesto controladas por una rancia y conservadora aristocracia representada por las llamadas “familias”; los descendientes de los fundadores del banco que con escasa representación accionarial seguían controlando el consejo de administración: Pablo Garnica es presidente de Banesto desde hace 20 años y miembro del consejo de administración desde hace 56,

Pablo Garnica
Dicky Gómez-Acebo (marqués de la Deleitosa) es vicepresidente al igual que Juan Herrera (marqués de Viesca de la Sierra y presidente de Petromed) y Jacobo Argüelles (marqués de Argüelles y presidente de la compañía de seguros “la Unión y el Fénix”), todos ellos están cordialmente enfrentados para heredar la presidencia de Don Pablo, pero un intruso aparece en la lucha por el poder, efectivamente en enero de 1986 por indicaciones del Banco de España y por tanto de su Señor (el gobernador): Mariano Rubio, se impone a Banesto un nuevo consejero delegado –y por tanto virtual sucesor de Don Pablo-;
José Maria López de Letona (antiguo gobernador del Banco de España y ministro de Franco). Esta situación provoca la unión de todos los tradicionales contendientes al grito de: ¡todos contra Letona!.
José Maria López de LetonaMientras, Conde y Abelló, ajenos al enfrentamiento interno vivido en Banesto ponen sus ojos en dicha entidad.
La elección se hace por eliminación del Central puesto que las poderosas manos de Javier de la Rosa, alias “JR”, alias “el hombre de la manguera” por ser el representante de los intereses en España del grupo Kuwaití KIO, en unión con Alberto Cortina y Alberto Alcocer alias “los Albertos” (maridos de las millonarias hermanas Koplowitz, propietarias del imperio inmobiliario Construcciones y Contratas) han puesto sus ojos en el Central –el 16% del cual ya controlan de forma directa a principios de noviembre de 1987).
En estas mismas fechas –actubre de 1987- Conde y Abelló empiezan a comprar acciones de Banesto hasta convertirse en los mayores accionistas individuales del banco, sindicando sus acciones y exigiendo un puesto en el consejo de administración. Esta lógica reivindicación (que los mayores accionistas individuales quieran participar en la gestión de la entidad en la que han invertido), es toda una revolución, es entonces cuando en España se inicia un debate que en Estados Unidos e Inglaterra ya se había solucionado hacía más de 30 años: quién debe gestionar una sociedad: los propietarios ó los administradores de toda la vida sin participación accionarial pero con derechos heredados por la historia.
La oposición inicial de las familias –recelosas de unos “nuevos ricos”- y los temores de Letona (que ve peligrar su presidencia ya pactada con Don Pablo y Mariano Rubio para diciembre de 1987), hacen que la entrada de los dos amigos en el consejo de Banesto se complique por momentos. Las razones de fondo que provocan este “impasse” es la lucha interna en Banesto; nadie conoce las intenciones de las dos nuevas estrellas del firmamento financiero, Letona cree que Conde y Abelló entran en Banesto para “hacerle la cama”, mientras que las familias piensan justamente lo contrario; es decir que se trata de dos aliados de Letona. Finalmente es el presidente-Don Pablo- quien da el plácet a la pareja inversora pensando que estos dos nuevos inversores serán fieles aliados para su causa-.
En realidad don Pablo necesita a Conde y Abelló puesto que ha reflexionado y ya no quiere de ceder la presidencia a Letona, a pesar del compromiso firmado. Su única opción es ganar tiempo en espera de acontecimientos que le permitan continuar y a la vez necesita complicar la vida a Letona para que este desespere y renuncie antes del 28 de diciembre de 1987 en que debería asumir la presidencia.
Así pues a principios de noviembre de 1987 Abelló y Conde entran en el consejo de administración y por cortesía de Don Pablo, Conde es nombrado vicepresidente de la entidad.
Mientras, en el ministerio de economía –dirigido por el intrigante Carlos Solchaga-, ve como sus planes iniciales de plasmar la transición política en el mundo bancario se van al traste con la entrada de los amigos de Antibióticos en Banesto. Carlos Solchaga es uno de los ideólogos de las fusiones bancarias; la idea es crear grandes entidades que permitan competir en el mercado común una vez realizada la entrada en la comunidad europea, esto, a su vez, permitiría al ministro colocar como gestores de esta macro-entidades a miembros afines del PSOE (el clan de la llamada beautifull people del que forman parte el ex ministro Miguel Boyer, el ex síndico de la bolsa de Madrid Manuel de la Concha, el ex presidente del gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo y porque no, cuando se retire el mismísimo Mariano Rubio).
La elección se hace por eliminación del Central puesto que las poderosas manos de Javier de la Rosa, alias “JR”, alias “el hombre de la manguera” por ser el representante de los intereses en España del grupo Kuwaití KIO, en unión con Alberto Cortina y Alberto Alcocer alias “los Albertos” (maridos de las millonarias hermanas Koplowitz, propietarias del imperio inmobiliario Construcciones y Contratas) han puesto sus ojos en el Central –el 16% del cual ya controlan de forma directa a principios de noviembre de 1987).
En estas mismas fechas –actubre de 1987- Conde y Abelló empiezan a comprar acciones de Banesto hasta convertirse en los mayores accionistas individuales del banco, sindicando sus acciones y exigiendo un puesto en el consejo de administración. Esta lógica reivindicación (que los mayores accionistas individuales quieran participar en la gestión de la entidad en la que han invertido), es toda una revolución, es entonces cuando en España se inicia un debate que en Estados Unidos e Inglaterra ya se había solucionado hacía más de 30 años: quién debe gestionar una sociedad: los propietarios ó los administradores de toda la vida sin participación accionarial pero con derechos heredados por la historia.
La oposición inicial de las familias –recelosas de unos “nuevos ricos”- y los temores de Letona (que ve peligrar su presidencia ya pactada con Don Pablo y Mariano Rubio para diciembre de 1987), hacen que la entrada de los dos amigos en el consejo de Banesto se complique por momentos. Las razones de fondo que provocan este “impasse” es la lucha interna en Banesto; nadie conoce las intenciones de las dos nuevas estrellas del firmamento financiero, Letona cree que Conde y Abelló entran en Banesto para “hacerle la cama”, mientras que las familias piensan justamente lo contrario; es decir que se trata de dos aliados de Letona. Finalmente es el presidente-Don Pablo- quien da el plácet a la pareja inversora pensando que estos dos nuevos inversores serán fieles aliados para su causa-.
En realidad don Pablo necesita a Conde y Abelló puesto que ha reflexionado y ya no quiere de ceder la presidencia a Letona, a pesar del compromiso firmado. Su única opción es ganar tiempo en espera de acontecimientos que le permitan continuar y a la vez necesita complicar la vida a Letona para que este desespere y renuncie antes del 28 de diciembre de 1987 en que debería asumir la presidencia.
Así pues a principios de noviembre de 1987 Abelló y Conde entran en el consejo de administración y por cortesía de Don Pablo, Conde es nombrado vicepresidente de la entidad.
Mientras, en el ministerio de economía –dirigido por el intrigante Carlos Solchaga-, ve como sus planes iniciales de plasmar la transición política en el mundo bancario se van al traste con la entrada de los amigos de Antibióticos en Banesto. Carlos Solchaga es uno de los ideólogos de las fusiones bancarias; la idea es crear grandes entidades que permitan competir en el mercado común una vez realizada la entrada en la comunidad europea, esto, a su vez, permitiría al ministro colocar como gestores de esta macro-entidades a miembros afines del PSOE (el clan de la llamada beautifull people del que forman parte el ex ministro Miguel Boyer, el ex síndico de la bolsa de Madrid Manuel de la Concha, el ex presidente del gobierno Leopoldo Calvo-Sotelo y porque no, cuando se retire el mismísimo Mariano Rubio).

Carlos Solchaga

Mariano Rubio
Solchaga no confía ni en Conde –un advenedizo indocumentado sin credenciales políticas- ni en Garnica –un franquista ultraconservador y católico recalcitrante- ni en Letona –un ex ministro de Franco, moderado y amigo personal de Mariano Rubio pero que no aporta imagen de modernidad aunque sus ideas sean afines a las de Solchaga- ni en las llamadas “familias” –un grupo de señoritos sin capacidad de gestionar una entidad moderna-, así que ante el “barullo” creado en Banesto, Solchaga decide tomar medidas especiales y trama un plan para poner al banco de la derechona y los terratenientes en manos afines al PSOE.
El plan es simple, plantear una absorción por parte de uno de los bancos ya controlados por la “beauty” (Hispano; con Claudio Boada, Bilbao; con Sanchéz Asiaín ó Vizcaya; con Pedro Toledo), finalmente se acuerda que el Bilbao planteará una OPA a Banesto y el Vizcaya otra OPA al Central (descabezando de esta manera a Alfonso Escámez, otro geróntocra de la banca que lleva más de 15 años en la presidencia).
De esta manera el día 20 de noviembre de 1987 (12 años después de la muerte de Franco) se inicia el asalto de la última fortaleza franquista mediante una OPA hostil planteada por el Banco de Bilbao sobre Banesto. Con esta acción se terminaba el llamado pacto de caballeros iniciado a principios de los años 60 en el que “los 7 grandes” acordaban pactos de no agresión; estos pactos habían llegado a extremos de convertir el sistema bancario español en un oligopolio en el que apenas existía competencia entre bancos.
La sorpresa fue generalizada y sin duda supuso el fin de Letona como ungido heredero de Don Pablo. Letona quedaba así desprestigiado cuando no tachado de traidor puesto que la mayoría de consejeros de Banesto le consideraban enterado de la conspiración contra el banco, pero aun en el caso que no fuera así -como finalmente se demostró- los consejeros determinaron la inutilidad de tener un consejero delegado amigo del gobernador del banco de España incapaz de enterarse de planes hostiles contra la entidad, conocidos a buen seguro por el banco emisor.
Letona no tubo otro remedio que dimitir a dos escasas semanas de la fecha pactada para asumir la presidencia del banco, Mario Conde encabezó las operaciones defensivas para rechazar la OPA, que tubo que retirarse dos semanas después –tras una lucha sin cuartes entre ambas entidades en el que el Banco de España, el ministerio de economía y la prensa afín al gobierno (es decir grupo PRISA, la prensa económica y las televisiones alabaron la iniciativa del Bilbao) fueron fieles paladines de la agresión mientras que Javier de la Rosa –por lealtad a su antiguo jefe Pablo Garnica- tubo un papel clave para salvar a Banesto-.
A finales de diciembre de 1987 el banco de España aceptaba el fracaso de la OPA con la condición de un retiro inmediato de Don Pablo (este no tubo más remedio que acatar las órdenes) pero el viejo zorro castellano tenía una última sorpresa para Rubio y Solchaga, en vez de nombrar a Jacobo Argüelles (el consejero más próximo al gobernador y al ministro), se decide por Conde (que había sido el exitoso general que resistió el asalto de la fortaleza Banesto).
Así pues dos meses después de su entrada en Banesto, Mario Conde es nombrado presidente de la entidad.
Banesto, era en el momento en que Conde hace su entrada como presidente, una entidad grande y poderosa; era considerado el mayor grupo industrial español por su control de entidades de gran potencia como Petromed (por entonces la mayor compañía de petroleos de España), la Unión y el Fénix (la compañía de seguros más grande de España), Valenciana de Cementos (la segunda compañía de cementos más grande de Europa), Asturiana de Zinc (la compañía minera más grande de España después de “Explosivos Rio Tinto” ERT), pero muy enferma: Como consecuencia de la crisis bancaria de final de los años 70, el Banco de España había obligado a Banesto a absorber dos pequeños bancos (Banco de Madrid y Banco Coca) que se encontraban en situación de quiebra técnica; en consecuencia Banesto tubo que asumir un aguejero de 200.000 millones de pesetas proveniente de dichas entidades. Igualmente la mala gestión por parte de Javier de la Rosa de una filial de Banesto (la banca Garriga-Nogués) supuso la absorción por parte del banco de otro agujero de 150.000 millones de pesetas. En total Banesto debía hacerse cargo de 350.000 millones de pesetas de las deudas de esas entidades. La imposición, por parte del Banco de España, de López de Letona como consejero delegado no sólo tenía como objeto preparar el desembarco del PSOE y de la “beauty” si no también poner orden en las cuentas de la entidad.
Así que cuando Mario llega a la presidencia se encuentra con un panorama desolador (aunque Letona había hecho algunos apaños) y además con la hostilidad de los organismos oficiales. Su única posibilidad es seguir adelante y reforzar sus posiciones; una fusión con otra entidad asediada era un camino lógico para consolidar su papel y posición.
Dos meses después de su llegada a la presidencia de Banesto, Mario acuerda con el presidente del Banco Central -Alfonso Escámez- la fusión de ambos bancos creando un monstruo bancario que llevará el nombre de Banco Español Central de Crédito (BECC), entidad que por sus activos financieros y industriales controla el 7% del PIB español. El acuerdo es aprobado por las Juntas Generales de accionistas de ambos bancos y Mario Conde es nombrado copresidente y consejero delegado de la nueva entidad y a partir de 1991 único presidente.

Mario Conde-Alfonso Escámez
Así es como en el plazo de seis meses un ejecutivo de alto nivel de una empresa importante se convierte en el personaje económico más importante en la España de finales de los 80: la unión Banesto Central crea el grupo financero más grande de España y el décimo más grande del mundo y un grupo industrial que en unión con el que poseía el Banco Central (CAMPSA, Seguros Vitalicio, ERT….) es de los más poderosos de Europa.
La pregunta es ¿podrá Conde mantener el control de un cañón Berta de las características del BECC?, la respuesta la encontramos en “Duelo de Titanes”: segunda parte de la trilogía.